Despidiendo Mujeres desesperadas

Perdidos, Mujeres desesperadas y House convirtieron el 2004 en un año para el recuerdo seriéfilo. Las dos primeras triunfaron desde su estreno, llegando a superar en casi todos sus capítulos la barrera de los 20 millones de espectadores, hoy en día cifras casi imposible de conseguir. Por su parte, House no dio el pelotazo hasta pasados varios episodios, más bien a partir de la recta final de su primera temporada.

Hace dos años, en mayo de 2010, dijimos adiós al polémico final de Perdidos, y ahora, dos años después toca despedir a otra serie emblemática: Mujeres desesperadas.

Desde su ejemplar episodio piloto, la vida de estas cuatro amas de casas pasaron a formar parte de la historia de la televisión. Su inicio, contando el suicidio de una quinta amiga que narra todo lo que sucede desde el cielo, fue un arranque atrevido y prometedor.

Un suceso tan trágico como un suicidio, pero contado de una manera divertida y brillante. Así es como empezó Mujeres desesperadas:

Ese tono ligero, pero cargado de mucha mala leche, la convirtió en una serie a seguir. Nos mostró cómo el humor y la tragedia pueden ir de la mano. Sus guionistas demostraron ejemplarmente como se podía pasar del llanto a la risa en solo cuestión de segundos. Quizás por ese tono tan extraño entre comedia y drama fue ninguneada en la mayoría de los premios, exceptuando su primera temporada.

Siempre se comentó el acertado casting de las cuatro protagonistas, pero Mujeres desesperadas no sólo destacó por este grupo de amigas. Personajes secundarios como Edie Britt, Karen McCluskey, Felicia Tilman o Paul Young dieron tanto juego y tenían tanto carisma que muchos de ellos protagonizaron algunas de las mejores tramas de la serie.

“Karen McCluskey, la auténtica quinta desesperada”

Pero como en casi toda serie de éxito, el declive también llegó. Con el paso de las temporadas las críticas sobre el bajón de nivel que acusaba la serie no se hicieron esperar. Repetición de tramas, historias pasadas de rosca… fueron alguna de esas críticas. Pero lo cierto es que mantener la calidad de la perfecta primera temporada no era tarea fácil. Aún así, hasta la octava y última temporada de Mujeres desesperadas ha aportado buena dosis de ingenio y dramatismo. (A partir de aquí contiene detalles del final de la serie).

Hasta llegar al doble capítulo final. Dividido en dos partes, en la primera veíamos como se cerraba la gran trama de los últimos episodios: el juicio contra Bree Van De Camp. Aunque el desenlace no fue todo lo satisfactorio que debería haber sido (se cerró muy rápido y no muy coherentemente), el juicio proporcionó un cierre a la última temporada. Porque el último episodio de todos, que servía de despedida final para la serie, fue un completo y directo homenaje a sí misma.

Su creador, Marc Cherry, optó por cerrar Mujeres desesperadas dando a la comedia y al drama el mismo protagonismo. Pudimos ver como la serie se autoparodiaba al darle la vuelta a la situación de Gaby y Carlos en la primera temporada con esa jardinera que hacía de John Rowland. Gaby (que ha sido el mayor pilar cómico de la serie en los últimos años) y Renee nos ofrecieron momentos realmente divertidos. Hasta que llegaron los minutos finales.

Es aquí donde pusieron la carne en el asador y decidieron tirar del sentimentalismo. La muerte de McCluskey (Kathryn Joosten, una auténtica roba escenas) acompañada de la canción “Wonderful, wonderful” me recordó al gran final de “A dos metros bajo tierra”, dónde la vida y la muerte se daban la mano. Emoción en estado puro.

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Junto a este adiós, pudimos ver la amarga y última partida de póker de las desesperadas (otro homenaje a sí misma) y cuál sería el futuro de Gabrielle, Bree y Lynette.

Y para acabar, Susan Delfino se despedía del famoso barrio Wisteria Lane mientras recordaba aquellas personas que dejaba atrás. Toda una vida. Y a la vez que Susan daba paso a una nueva vecina misteriosa, sus seguidores descubrimos con ese plano final, que su creador nos estaba guiñando un ojo y dándonos las gracias por todo.

“Porque incluso la vida más desesperada es… maravillosa.”

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