Un vistazo a Touch: Los números importan

La semana pasada se estrenó el piloto de Touch, la nueva serie de Fox y Tim Kring, el creador de ese bloof que fue Héroes (mucha expectativa y buena crítica en su primera temporada para luego caer en el olvido). Aunque no veremos más capítulos hasta finales del mes de marzo, la cadena norteamericana decidió emitirla tras el estreno de American Idol para así poder darle buenas audiencias. Se trata de una extraña táctica puesto que habrá que esperar casi dos meses para ver el resto de la serie.

Protagonizada por Kiefer Sutherland, que muchos recordarán por “24” se trata de un drama sobrenatural en el que Sutherland interpreta a Martin, un padre preocupado por su hijo Jake, de 11 años. Y es que a Jake se le diagnosticó una especie de autismo. Por eso no se comunica y tampoco soporta el contacto con nadie. Ante esta situación una asistenta social se presentará en su casa para internar a Jake en un lugar más adecuado para él.

Esta es la premisa de la que parte Touch. Hasta ahora nada que no hayamos visto antes. Recuerda a aquella película de Bruce Willis, Mercury Rising: Al rojo vivo, tiene elementos de “Perdidos” e historias independientes con alguna conexión como sucedía en “Babel”. Pero aún siendo una historia que suena a muchas otras, consigue tener su propio tono.

Lo que más destaca en la trama es la habilidad de Jake para descifrar los números de su alrededor e interpretar lo que va a pasar en un futuro. Un futuro en el que el destino y la conexión entre los seres humanos, no importan donde vivan, parece seguir un patrón solo entendible por Jake.

Con toques fantásticos e historias secundarias a la principal, vemos historias aparentemente independientes que fluyen hasta conectar. Ver el proceso por el cual historias completamente distanciadas acaban por coincidir por una serie de coincidencias es uno de los aspectos más atractivos. Estas historias secundarias aportan un plus a la trama principal, aunque no todas están bien hiladas. La historia del niño de Bagdag comienza interesante pero tiene un final que ralla lo ridículo por lo extremo de la situación.

A destacar el ritmo de la trama que la hace muy entretenida,  y lo bien que se transmite todo lo que pasa por la cabeza de Jake cuando está intentando descifrar los números. Otra característica positiva es la dualidad que se produce entre la trama principal y las secundarias. La primera, la del padre e hijo, que es más intimista y las secundarias, que pecan de ser algo grandilocuentes. Pero si miden bien  ese tono sentimental y un poco ñoño que tiene en varios momentos, podemos encontrarnos con una grata sorpresa muy disfrutable.

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